La próxima gran crisis mundial

La próxima gran crisis mundial

Desde las últimas décadas del siglo pasado, el mundo se encuentra en una suerte de bucle que le impide remontar en la economía global. Todo indica que los responsables serían los mismos gobiernos que permiten a las grandes corporaciones financiera experimentar con la economía del mundo sin piedad.  El documental audio visual basado en el libro Financial Fiasco del autor sueco Johan Norberg presenta la situación económica mundial, hasta el año 2013 como una suerte de errores de los diferentes gobiernos mundiales, y en particular el de los Estados Unidos de Norteamérica quienes se habrían enfocado en ayudar y reparar con el dinero de los contribuyentes los errores cometidos por grandes financistas privados. Esta situación, que el autor plantea como una cuestión cíclica, tiene su inicio en la crisis denominada “burbuja de las punto com”, situación que se da en el periodo que abarca los años 1995 al 2001, dónde se presenta un fenómeno especulativo que explota finalmente el 10 de marzo de 2000, con una estrepitosa caida de las acciones de las principales empresas tecnológicas que se tranzaban en la bolsa en los Estados Unidos y arrastrando a toda la economía en el colapso.  A partir de este momento Estados Unidos y el resto del mundo se han visto enfrentados a una progresiva carrera aumentativa de la crisis, la cual se ha visto alimentada por el apoyo constante de los Gobiernos a los particulares, principalmente las grandes corporaciones financieras que actuaron al margen de la razón empleado el criterio “si lo hago mal, el Estado me apoya”.

Antecedentes de una crisis alimentada con más crisis

Posterior a la fecha de explosión de la burbuja tecnológica del 2000, los Estados Unidos quedaron sumados en una profunda crisis económica que llevó al Gobierno a tomar medidas extremas para mover la economía que había entrado en un proceso recesivo. Luego, el 11 de septiembre del 2001, sobreviene el atentado terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York, el hecho en sí mismo es dramático por las vidas que se perdieron y la destrucción total lo que fue de connotación mundial, pues el enemigo se ha introdujo en el corazón del comercio mundial y derribó el símbolo del poder americano: el Word Trade Center. Este acto de conducta deleznable impacta aún más en la economía del país, y como podría suponerse, de manera especial en la moral del pueblo norteamericano, quien siente que su país, su hogar y fortaleza, se ha visto vulnerado de manera inesperada, pero desde lo interno.  El presidente en ejercicio George W. Bush, quien había tomado la decisión de levantar la economía del país, se enfrentaba ahora a una mega crisis económica de carácter recesivo propiciada por la explosión de la burbuja tecnológica y, ahora, con una crisis de seguridad que impactaría de manera global.

La estrategia político-económica desarrollada por Bush es apoyar a todo el sistema financiero estadounidense, centrándose en fomentar el consumo masivo, invocando valores que se pueden sintetizar bajo el concepto denominado “sueño americano”.

La Reserva Federal apoyó reduciendo las tasas de interés, lo que en economía equivale a decirle al mercado: “no ahorren, consuman lo que más puedan”. La medida de la Reserva Federal se sustentaba en la necesidad que existía de recatar las empresas con riesgo de quiebra y de este modo salvaguardar el empleo. En esta misión la Reserva Federal redujo del 6.5% al 1% en el año 2003, las tasas de interés, es decir, pedir dinero prestado se volvió muy barato, lo que nadie se dio cuenta es que esta baja de tasas de interés produjo de inmediato un nuevo efecto burbuja, en la cual todo americano sin importar si tenia empleo o no tenía acceso al crédito hipotecario.

El autor del video en análisis señala que “si las cosas van bien, entonces se puede seguir con la fiesta”, lo que es caldo de cultivo para los especuladores y amantes del riesgo para una situación específica como esta, además si las cosas salían mal, siempre estaría la Reserva Federal para rescatarlos en caso de necesidad.

Un experto de la compañía Kudlow & Company señaló que, refiriéndose a esta nueva burbuja inmobiliaria, “cuando veas la bolsa derrumbarse y estallar la burbuja inmobiliaria, toda esa riqueza ficticia se derrumbará, quedando solamente deuda al exterior”. Y fue precisamente lo que ocurrió.  Miles de norteamericanos tomaron prestados millones de dólares para comprar casas, y no suficiente con eso, volvieron a tomar sobre hipotecas para pedir dinero para gastos de consumo como viajes, autos, ampliaciones, mobiliario. Lo que es peor, para comprar esas casas, ni siquiera tenían que aportar capital inicial propio, pues el mismo sistema les ofrecía financiar todo el precio de la casa.

Pero esto no es todo, además los gestores de los préstamos del producto financiero que se denominó NINJA (No income, No Job, No assets), tampoco le importaba cobrar, porque estos fondos de apoyo al sueño americano estaban respaldados por el Gobierno.

El 17 Julio 2001, a menos de dos meses del atentado de las Torres Gemelas, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush declara en un discurso: “Yo creo que existe eso llamado el Sueño Americano; tener la casa propia es parte de ese sueño; en América si tienes tu hogar, entonces estas concretando el Sueño Americano”. Bajo este principio, el Gobierno de los Estados Unidos facilitó los fondos necesarios para que cualquier ciudadano pudiese adquirir su casa propia, sin necesidad de dar un anticipo, sin necesidad de demostrar ingresos, sin necesidad de respaldar ese dinero prestado.

Bush pidió abiertamente a la ciudadanía que se endeudaran, que eligieran el consumo como una clara medida de reactivar la economía.

Pero esto no fue todo, el Gobierno, con el propósito de garantizar que esto se cumpliera, apoya la formación de dos grandes corporaciones para el financiamiento hipotecario privadas: Fannie Mae, y Freddie Mac. La única misión de estas empresas era asegurar los préstamos para los ciudadanos que no tenían ninguna posibilidad de obtenerlos en los mercados tradicionales, para ellos manejaba millones de dólares respaldados por el Gobierno de Estados Unidos.  En el mismo discurso en el cual el presidente George W. Bush motiva el mentado sueño americano, comunica el establecimiento de estos organismos privado a los que respalda con 440.000 millones de dólares.

Expertos en economía y finanzas hablan que la economía de los Estados Unidos se enfrenta a un riesgo moral debido a que los contratantes de estos créditos hipotecarios no tienen un sentido de pertenencia y por lo tanto poco les importa el costo de los mismos, ellos simplemente aprovecharon una oportunidad que les brindó el mercado sin necesidad de esforzarse en aportar nada.

La burbuja que revienta

El modelo amparado por bajas tasas de interés, facilidad de obtener créditos hipotecarios sin ningún tipo de respaldo, el boom inmobiliario motivado por el “sueño americano” sugería que la economía había mejorado, que atrás había quedado los problemas de la burbuja tecnológica, el 09/11 a pesar de ser un recuerdo doloroso también había sido un motivo de unión patriótica, simplemente todo parecía estar bien.

Ante este escenario de bonanza, y de manera irresponsable, los bancos de mayor porte otorgan créditos de mayor riesgo. El mundo financiero en EE.UU. inicia un refinanciamiento de paquetes de préstamos, los que a su vez se venden en forma de bonos a otros bancos, obteniéndose deltas de ganancia sobre papeles que en realidad no valían nada.

La banca norteamericana traslada este riesgo hacia el viejo mundo y allá, países como Noruega, Alemania, e incluso China compran estos bonos, los cuales, además, estaban categorizados por agencias calificadoras de riesgo como AAA. Lo que empieza a ocurrir en el mundo es que se empieza a dar un negocio de comprar valores que dejaban mucho, que estaban respaldados por hipotecas, que prometían ganancias a casi riesgo nulo y además muy bien catalogados por las clasificadoras de riesgo; lo que el mundo no sabía era que estas clasificadoras de riesgo realizaban su servicio pagados por los mismos agentes que vendían los bonos.

El escenario económico era el siguiente:

  1. Préstamos hipotecarios baratos, las tasas eran muy bajas.
  2. Los precios de las casas iban en aumento, ley de la oferta y la demanda: aumentaba la demanda por lo que los precios también aumentaban;

Pero lo que no se hablaba acá es que a nadie le importaba que una propiedad estuviese sobrevalorada, porque probablemente el que la estaba comprando tampoco tenía intenciones de pagarla.

Es en el año 2006 que las tasas recuperan su nivel normal, y los prestamos ya no son atractivos para nadie, por consiguiente, la deuda hipotecaria ya no se puede seguir pagando con deuda y los deudores NINJA se ven en problemas de solvencia.

El nuevo escenario económico es el siguiente:

  1. Préstamos hipotecarios suspendidos; lo intereses suben.
  2. Ante la falta de demanda de propiedades, el precio de las propiedades cae abruptamente.

Los bancos de inversión como Bear Stearns y Lehman Brothers no pudieron obtener fondos (prestamos) para mantener sus negocios funcionando. Las agencias crediticias apoyadas por el Gobiernos como Fannie y Freddie destapan el desastre del mal manejo.

Qué sucede entonces

Una vez más el Gobierno de los Estados Unidos sale a rescatar la economía del país, pero esta vez la explosión de la burbuja era global, el desastre financiero salpicó a la economía de muchos países del mundo. La ayudas del Gobierno de Bush resultaron en cerca de 700.000 millones de dólares.

Esta nueva crisis Carrillo (2018), citando a Abadía (2008) la resume como sigue:

“Abadía señala que como los bancos no tienen dinero, deben recurrir a la venta de activos”, muchos de estos activos eran edificios, participaciones en empresas. “los bancos hacen campañas para que la gente deposite más dinero” (Abadía 2008, Pag. 8), pero existe la presión de pagar las hipotecas y por lo tanto deja de consumir o comienza a sustituir, a su vez, los mercados perciben esto y comienzan a producir menos, lo que impacta en toda la cadena de valor, pero el mercado, en Europa, no sabía el por qué. Como los fabricantes ven reducidos sus ingresos, se percatan que no necesitan tantos recursos humanos y comienzan a despedir gente y en toda Europa comienza a sentirse un efecto de desaceleración.  La crisis es tan gigantesca magnitud que el Fondo Monetario Internacional habla que “la crisis alcanza el billón americano de dólares” (Citado por Abadía (2008) pág. 9): un despropósito mundial: falta de liquidez global. Pero esto no queda ahí, tal como sucede con el efecto dominó, en Europa se sintió el primer impacto de la crisis y su efecto comenzó a multiplicarse como las ondas en un estanque de agua.

Abadía entrega algunos datos estadísticos al respecto, tales como que el 22 de mayo del 2008, Moody´s Corporation (una organización independiente cuya misión es analizar y contribuir a la transparencia del mercado financiero), dio inicio a una investigación en la cual señala que “debido a un error interno de tipo informático” se le asignó el grado AAA a productos complejos de deuda europea, es decir, se consideró que los instrumentos de crédito respaldados por la hipotecas ninjas eran del mayor nivel de confiabilidad y transparencia”

Nuevamente la Reserva Federal apoya la ineptitud de los grandes financieros y reduce a un 0.25% la tasa de interés, solo con el propósito de fomentar el consumo, motivar los créditos, mantener el empleo. A este punto, el cambio de Gobierno en Estados Unidos es recibido por la Administración de Obama con una tasa bajísima, un claro rumbo recesivo, que lo lleva a anunciar en Febrero del 2009 a una nueva Ley de Recuperación y Reinversión americana, aportando al sistema la no despreciable suma de US$ 787.000 millones. Esta suma es invertida en construcción de aeropuertos, carreteras y todo tipo de inversión de tipo gasto público para fomentar el empleo y salir de la nueva crisis.

Repercusiones en el otro lado del mundo.

Como podemos ver, el mundo económico se ha mantenido en un colapso constante, una especie de compas del va y viene del que parece no poder salir. A lo anterior se le debe sumar la crisis de la eurozona. La zona del euro está integrada por los países que forman parte de la Unión Europea y emplean esta moneda como dinero oficial. La crisis de las hipotecas, de acuerdo a lo que señala Carrillo (2018) tuvo un impacto en Europa, y “se hiso notar primordialmente en los mercados europeos provocando que posterior al 2008 se experimentara una débil recuperación económica, algunos países de la zona de euro entraron en una recesión de magnitudes, tal es el caso de Portugal, España, Grecia. A partir del 2008, los países de la zona del euro comenzaron a sobre endeudarse para poder financiarse internamente y la deuda soberana de algunas naciones entraron en riesgo de default o cesación de pago. Se entiende por deuda soberana “la deuda que mantiene un país frente a sus acreedores” (Fuente: www.economipedia.com), es decir es la deuda pública de un Estado para financiar sus políticas sociales, económicas, y demás actividades propias de un país.”

Muchos de los países de la zona del euro, que salieron a rescatar a los bancos de la crisis hipotecaria, tuvieron que financiar sus propios déficits fiscales con deuda. Cuando un país aumenta la emisión de deuda pública, lo que sucede es que el riesgo país también lo hace y esto trae como consecuencia el aumento de las tasas de interés.

Miranda y Salgado (Pág. 1) señalan que “Los orígenes de la crisis de deuda soberana que hoy vive Europa se ubican en la economía griega que registró un crecimiento muy dinámico (4.5% promedio) en el periodo 2000 – 2007” (citando Eurostat, 2011). A su vez el déficit público griego, propiciado por el aumento del gasto público que se justificó con el motivo de ser sede de los juegos olímpico del 2004, tenía un origen mayoritariamente de fuente externa.

Miranda y Salgado, citando al FMI (2011) señalan que, en el 2009, en nuevo gobierno griego descubre que el déficit fiscal superaba con creces el doble de las cifras oficiales y que “la deuda pública en relación al PIB era del 115%”.  Como corolario de lo anterior, las calificadoras de riesgo, entre ella Moody´s señaló que “debido al abultado gasto público, a los bajos ingresos fiscales, la escasa competitividad, Grecia no sería capaz de enfrentar sus compromisos crediticios”.

Crisis que trae consigo más crisis

El 3 de mayo del 2010, la BBC de Londres redactó que “Los ministros de Alemania aprobaron un proyecto de ley que deberá ser convalidado por el Parlamento esta semana para permitir la transferencia de 22.400 millones de euros (US$29.600 millones) en los próximos tres años.” (Fuente: www.BBC.com); Pero esto no termina acá, el rescate de Grecia no fue el fin del túnel, todo lo contrario, Papandreau, Primer Ministro griego señaló el 31 de octubre de 2011 que iba a someter a consulta las medidas de rescate ofrecidas por la Unión Europea, dicho de otro modo, surge el riego que los países con deuda soberana podrían haber entrado en riesgo de cese de pago y que se retirarían de la zona del euro, generando más crisis en la economía mundial.

Conclusiones

 Si ponemos atención al entorno económico mundial podremos observar que la nueva administración del gobierno de los Estados Unidos de América se ha abocado, con un slogan nacionalista, “a hacer grande a América otra vez”. Esta simple frase puede resumir el actual fenómeno y cambio de paradigma en la manera de hacer comercio en el 2018 y la manera en que Estados Unidos pretende salir de su crisis:  creando crisis en el resto del mundo.

Desde los desaires de Davos a principio de año, a los dimes y diretes en la cumbre de Canadá, pasando por las amenazas de declarar una guerra comercial en todo el mundo y elevando aranceles a diestra y siniestra, incusos a países amigos, o bajando los impuestos a las empresas nacionales, y, recientemente, haciendo tambalearse con un twitt a la economía turca, y de paso arrastrando a las economías latinoamericanas haciendo que sus monedas se devalúen frente a la divisa americana, el nuevo presidente de Estado Unidos Donald Trump se encuentra decidido a comerse la economía mundial y someterla, aun a costas de una nueva crisis, con tal de recuperar la economía del país del norte.

Pero mirándolo con una visión crítica, después de todo lo que está haciendo el Presidente Trump no puede ser tan malo, simplemente es un cambio de paradigma, una manera diferente de hacer el comercio en el mundo, derribando mitos, haciendo que la cosas se acomoden por otra vía. Donald Trump no es un político tradicional, es un hombre de negocios que comprende perfectamente y ha vivido en carne propia los sinsabores de una crisis política y por eso, es razonable pensar que con sus acciones extremas nuestro mundo debería mejorar y pensar de manera más competitiva, al final de cuentas es la economía sana y bien formada y financieramente estable la que mueve al mundo y no los vanos intentos políticos de solucionar las crisis por medio de ideas falaces y populistas.

Bibliografía

De los Autores

Los autores: Marcelo C. Olivier; Mónica Guardia.

Los autores: Marcelo C. Olivier; Mónica Guardia.

Marcelo C. Olivier
Ingeniero en Administración de Empresas
Maestrante en MBA Universidad UNICYT
Mónica Guardia
Licenciada en Turismo
Maestrante en MBA Universidad UNICYT

Universidad Internacional de Ciencia y Tecnología (UNICYT)
Maestría en Administración de Negocios (MBA)
Cátedra de Economía