Reflexiones de Semana Santa sobre los Papas y la tradición del huevo de chocolate

Con la llegada de la Semana Santa se vienen a la mente muchas reflexiones en torno a esta fecha de origen judeocristiano y el consiguiente debate en torno a una fiesta tan popular en occidente y gran parte de occidente, además que aumenta considerablemente el consumo de huevos de chocolate.

Por Juan Ruiz de la Cruz

Juan Pablo II fue el primer Papa no italiano, de los tiempos modernos, de hecho, el último Papa no Italiano había ocupado el Trono de San Pedro el 9 de enero de 1522, fecha en que fue elegido Adriano VI, obispo de Utrech, en los Países Bajos. En 1978, se rompía la tradición del Papa Italiano cuya preferencia se basaba en cuestiones políticas más que teológicas y relacionadas con el conocimiento de la Curia Vaticana que se supone poseía un Papa Romano Italiano.

Juan Pablo II, además de ser un Papa extranjero, se le reconoce como el Papa Peregrino, quien se preocupó de acercar a la gente a la Iglesia mediante el contacto con el Sumo Pontífice, convirtiendo el papado en una especie de evento multicultural, nada que el Señor Jesucristo no hiciera y no predicara, porque Jesús perseguía precisamente eso: más calle, menos principado.

El Gobierno de Juan Pablo II se caracterizó por una administración más inclinada a la derecha, y es de entenderse, el Sumo Pontífice procedía de una Polonia convulsionada y oprimida por el comunismo, había tenido que enfrentar el poder absoluto y la opresión del Gobierno Polaco de la época.

Cuando el Papa Wojtyla fue electo Papa, el conclave duró solamente 2 días, y el año 1978 fue conocido como “el año de los tres Papas”, en alusión a los últimos días de Pablo VI, al corto pontificado de Juan Pablo I, y a la elección de Juan Pablo II.  Las repercusiones para Italia y el Mundo fueron notadas de inmediato: el Vaticano comenzó una serie de reformas orientadas a mejorar la relación del clero con los feligreses y el logro de una serie de reformas destinadas a crear una conciencia mundial respecto de la responsabilidad y el compromiso. El Papa Wojtyla comenzó a ser llamado por su nombre, además del nombre elegido para gobernar a la Iglesia; mejoró las relaciones entre los musulmanes y los judíos, visitando una sinagoga, entrando a una mezquita y besando un Corán. Tuvo la visión de acercar a personas contemporáneas elevándolos a los altares en la categoría de santos; fue el primer Papa en considerar a la mujer como un ser igual al hombre; rehabilitó el honor de Galileo Galilei, lo que representó el mea culpa más importante de la Iglesia, en el cual se comenzaban a reconocer los errores de esta. Su papado duró 27 años y ya ha pasado a la historia como uno de los más queridos y respetados pontífices y poseedor a un liderazgo impresionante.

Luego de Juan Pablo II, en el 2005, fue electo pontífice el Papa Benedicto XVI, también extranjero y quien con anterioridad había ocupado la Prefectura de a Congregación para la Doctrina de la Fe, y fue encomendado por Juan Pablo II para redactar en 1986 el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica.

El Papa Ratzinger es considerado un papa conservador que se oponía a que el compromiso social cristiano fuese vinculado con la colaboración en ideologías neo-revolucionarias como la Teología de la Liberación la cual posee una notoria influencia marxista.

En el 2013, el Colegio de Cardenales nuevamente sorprendería a la opinión pública con la elección de un nuevo Papa extranjero, pero quién además resultó ser argentino, el Cardenal Mario Bergoglio, perteneciente a la congregación jesuita, muy cercano al pueblo y totalmente opuesto a la corriente conservadora que venia gobernando a la Iglesia desde la elección del Papa polaco en 1978. Francisco I, desde un principio se mostró reticente a seguir el protocolo y la pompa vaticana, tal vez siguiendo una línea ya iniciada en sus tiempos de Obispo y Cardenal en Argentina, dónde se recuerda por su apego al pueblo.

El Papa Francisco I, es un hombre que no duda en demostrar afecto, hablar lo que piensa directamente, conducta que le ha costado más de un mal rato, como el célebre comentario sobre la comunidad de Osorno en Chile “Osorno sufre porque es tonta”, en referencia a una pregunta en off relacionada sobre el “supuesto sufrimiento” de la comunidad católica en Osorno a raíz del nombramiento del Obispo Barrios, a quien se le señala como cómplice de los casos de abuso sexual contra varones por parte del sacerdote Karadima en Chile.  La publicación mal intencionada por parte de alguien evidentemente enemigo de la Iglesia, hiso que Francisco I iniciara una verdadera revolución en la búsqueda de la verdad de los hechos que empañan la probidad del clero en Chile, el inicio de la controversia ha sido de una magnitud tan grande, que la cúpula de la Iglesia Chilena ha sido puesta en evidencia como encubridora de hechos deleznables y poco ortodoxos en materia de comportamiento ético, moral, pero sobre todo cristiano. El impacto de las malas decisiones pasadas tomadas por pastores de la Iglesia Católica en el ha sido de tal magnitud que Francisco I ha debido dedicar gran parte de su pontificado a la limpieza del alto, medio y bajo clero, como si al interior de la Santa Madre Iglesia se refugiaran criminales de la peor naturaleza.

Sin embargo, lo que vemos que acontece en la Iglesia de estos días es simplemente la tendencia que el nuevo orden mundial desea imponer a las nuevas generaciones: tolerancia cero al crimen, a la falta de probidad, al abuso de autoridad. Lo anterior se demuestra con una serie de hecho que han marcado nuestros días: la liberación de los papeles de panamá que puso en evidencia la evasión tributaria de muchas organizaciones y autoridades; la aprehensión de ex presidentes de todo el mundo, otrora una hazaña impensable; el congelamiento de fortuna producto de la corrupción de poderes mezquinos.

Se están viviendo momentos significativos para la instituciones de todo el mundo, no solamente de la Santa Madre Iglesia, es como si el Apocalipsis escrito hace más de 200o por el Apóstol Juan cobrara vida y nos señalara el destino irremediable de nuestro minúsculo planeta azul: la destrucción.

En el Libro del Apocalipsis, Juan escribió lo que a mi parecer representa el bucle más grande de la historia: el Apocalipsis es un libro que se repite una y otra vez, como si la humanidad estuviese atrapada en un círculo vicioso en el cual las generaciones nace, aprenden y crecen, se corrompen, decaen y desaparecen dejando paso para que otra generación inicie un nuevo ciclo el cual, irremediablemente tendrá que repetir el apocalipsis.

Solamente por mencionar algunos imperios que tuvieron ya su apocalipsis: Roma, China y el Imperio, Alemania y el Tercer Reich, Alemania del Este, la Unión Soviética, también lo tuvieron Bizancio, Cartago, Esparta y Antenas, y también tuvo su propio apocalipsis el Hombre de Neardental y muchos otros, todos pueden ser analizados mediante el modelo planteado por Juan el Evangelista, quien vio lo que sucedió antes de él y lo extrapoló al futuro eterno de todas las generaciones venideras.

El Apocalipsis, sin embargo, señala que al final de todo este proceso enigmático y que a más de alguno dejó sin poder dormir, concluye en la venida del Salvador.  Si usted analiza los distintos periodos de la historia que pueden ser relacionados como periodos con un final apocalípticos, después del último momento, surge la venida de un salvador. Este salvador se presenta como un líder aclamado por la masas que ven el en él el único camino posible.

La tradiciones católicas y mundanas

El apocalipsis tiene para mi una significancia relacionada con el desapego a la tradición, a la moral establecida y al relajo cotidiano de las generaciones que se verán afectadas por esta suerte de entropía social. Por ejemplo, una tradición no católica, pero que de algún modo se ha arraigado en la Semana Santa es la comercialización de los famosísimos huevos de pascua y los conejos de pascual, todos confites de chocolate, algunos más sabrosos que otros, pero que no tienen absolutamente nada que ver con el sentido de la Pascual de Resurrección.  Yo me pregunto siempre ¿En qué momento Jesús repartió a sus discípulos “huevitos de pascua”?  Cuando Jesús toma el pan y lo reparte a sus discípulos y dice “tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo”, acto seguido pide que lo hagan en conmemoración de él. Pero en que parte Jesús levantó con sus venerables manos un conejo de pascua o un huevo de chocolate.

Hasta donde sé, Jesús se reunió para conmemorar el aniversario de la Pascua Judía, Él era judío y la mayoría de sus discípulos, y los judíos tampoco poseían en sus tradiciones la acto de repartir huevos de pascua de chocolate. Esto lo sé porque mi padre, Q.P.D., era de esa fe. Lo curioso del hecho es que, en mi tierna infancia, él jamás nos alentó a comer huevos de chocolate, creo que tampoco existían por aquel entonces, todo fue creación del marketing, de la economía y de la curva de la oferta y la demanda.

Yo no quiero que el lector piense que soy un energúmeno, cerrado, anti progreso, anti memes, anti lenguaje inclusivo o anti cualquier otra moda rara que surja en la generación imperante del momento, simplemente quiero invitar a la reflexión, a la cordura y que se modere el consumo de elementos, que a la larga, resultan dañinos para el organismo, tan dañinos como las creencias y corrientes ortodoxas o cualquier otro exceso que indefectiblemente nos va a llevar a darle la razón a Juan, el Apóstol,  con el Apocalipsis.

Notas:  El Papa Benedicto renunció al pontificado en febrero del 2013 recluyéndose en dentro de los muros Vaticano, pero no ha renunciado a su derecho de opinar sobre distintas cuestiones de contingencia vaticana y de la Iglesia en general y, en consecuencia, no ha sido consecuente con el discurso de mantener silencio durante el resto de sus días.

 

Fuentes históricas:  Vatican.va